Ir al contenido

Blog

Dos idiomas, un buzón y la espera que te cuesta el trabajo

Un martes por la mañana entra una consulta en holandés. Es de las buenas, de alguien que ya ha decidido comprar y ahora está eligiendo a quién. Le llega a la única persona de la oficina que puede atenderla. Esa persona está fuera, en un trabajo, hasta el jueves.

Para el jueves el cliente ha escrito a otros dos, y uno le contestó el martes por la tarde en un inglés de andar por casa.

Ya sabes cómo se reparten los idiomas donde trabajas, porque vives en ello. Lo que merece la pena decir es que lo caro no es traducir. Traducir dejó de ser el problema difícil hace años. Lo caro es la cola.

UNOS 10 MINUTOS DE LECTURA SIN COMPRAR NADA ESCRITO PARA NEGOCIOS DE SERVICIOS DE LA COSTA

PALABRAS 2.874 · SECCIONES 08 · ~14 MIN DE LECTURA MARCAS SEPARADAS POR EXTENSIÓN DE SECCIÓN

El coste es una cola, no un diccionario

Mira lo que le pasa de verdad a una consulta en segundo idioma dentro de un negocio pequeño.

Entra. Quien abre el buzón la lee, reconoce el idioma y decide que no es suya. Pasa, formalmente o simplemente quedándose sin contestar, a la persona que lleva ese idioma. Esa persona no está sentada esperando consultas, porque en un negocio de este tamaño también está haciendo el trabajo. Así que la consulta espera, y no espera a un traductor: espera a que un compañero tenga la tarde libre.

De ahí salen dos consecuencias, y las dos son peores de lo que parecen.

La respuesta sale tarde y el cliente ya se ha movido. En una compra de importe alto, la lista corta se forma el primer día. Ser el tercero en contestar en un expediente de residencia o en una visita a una vivienda suele equivaler a no contestar.

Tu mejor idioma se convierte en tu único idioma. El camino fácil es contestar en el idioma que habla quien esté libre. Hazlo de forma constante y estarás eligiendo a tus clientes según quién tuviera hueco, que no es una estrategia que haya decidido nadie.

Nada de eso se arregla con un traductor mejor. Se arregla decidiendo, por adelantado y por escrito, quién contesta qué, en cuánto tiempo y en qué idioma.

Los cinco puntos donde se rompe de verdad

  1. Nadie decidió en qué idioma se contesta

    Casi ningún negocio ha escrito la norma, así que la norma es "en el idioma que prefiera quien lo coja". Eso produce clientes británicos contestados en español, clientes españoles contestados en inglés y alguna mezcla pidiendo perdón por las dos cosas.

    La norma cabe en una línea: se contesta en el idioma en el que escriben. No es la única norma posible, pero es la única que nunca hay que interpretar, y que no haya que interpretarla es justo el objetivo. Escríbela, cuéntasela a todo el mundo y ponla encima del buzón.

    La única excepción que conviene prever: si un cliente escribe en un idioma y luego se cambia al otro, síguelo. Te está diciendo algo.

  2. La primera respuesta y la segunda son dos trabajos distintos

    Esta es la distinción que casi nadie hace, y hacerla resuelve la mayor parte del problema.

    La primera respuesta va de velocidad. Confirma que el mensaje ha llegado, que lo tiene una persona real, qué va a pasar ahora y cuándo. La calidad del idioma casi da igual. Nadie ha elegido nunca a un proveedor porque su acuse de recibo fuera elegante.

    La segunda respuesta va de calidad. Ahí está la respuesta, la conversación sobre el precio, la advertencia, lo que te van a recordar dentro de seis semanas. Ahí el idioma importa muchísimo, porque una condición mal traducida es un conflicto mes y medio después.

    Separa esas dos y podrás ser rápido donde la rapidez sale gratis y cuidadoso donde el cuidado es caro. Las plantillas de acuse de recibo en los dos idiomas las puedes escribir hoy, a mano, en una hora, sin ningún programa de por medio.

  3. El vocabulario que no sobrevive a la traducción

    Cada sector tiene treinta palabras que un traductor genérico convierte en algo que suena bien y no significa nada.

    En esta costa las más evidentes son administrativas, y van en las dos direcciones. Empadronamiento no es "registration". NIE no es "tax number". Escritura no es "deed" en el sentido que le va a dar un comprador británico. Comunidad, derrama, nota simple, IBI, autónomo. La máquina traducirá todas por una palabra inglesa verosímil, y tu cliente tomará una decisión basándose en la palabra verosímil.

    Acordad el glosario una vez. De veinte a cuarenta términos, con la versión acordada en cada idioma y una nota corta donde no haya equivalente real y haya que explicar en vez de traducir. Es una hora de una tarde y es la hora más rentable que va a dedicar nadie a este problema. Mejora igual las respuestas humanas y las automáticas, y es lo que le entregas a cualquier sistema que compres algún día.

  4. Abrir un idioma que luego no puedes sostener

    El peor desenlace de esta página, y el más fácil de comprar sin querer.

    Una respuesta automática en un holandés impecable es una promesa de que esta conversación va a ser en holandés. Si en tu lado nadie puede aguantar los tres mensajes siguientes, has convertido una decepción pequeña en una de verdad. Contestar despacio en inglés tiene arreglo. Contestar al instante en un idioma que luego abandonas, no.

    Abre solo los idiomas que puedas cerrar. Si no puedes cubrirlo, dilo pronto y en palabras llanas: trabajamos en español y en inglés, y seguimos encantados en cualquiera de los dos. En esta costa esa frase la oye todo el mundo y no ofende a nadie.

  5. Tu registro interno acaba en dos idiomas

    Seis meses después alguien busca en el sistema qué se acordó y encuentra la mitad en un idioma y la mitad en el otro, y ninguna de las dos en el idioma de quien está mirando ahora.

    Elige un idioma para el registro interno y guarda al lado las palabras del cliente, tal cual, para que no se pierda nada. Lo que no puedes permitir es que el registro se vuelva bilingüe por accidente. Así es como se acaba respetando un presupuesto por la cifra equivocada.

LEÍDO

Las cinco cosas que hay que escribir antes de comprar nada

LAS CINCO SON GRATIS LAS CINCO CABEN EN UN FOLIO

  1. La norma de idioma. Una frase, decidida y a la vista.
  2. Plantillas de acuse de recibo, en los dos idiomas, diciendo qué pasa ahora y cuándo.
  3. El glosario. De veinte a cuarenta términos, acordados, en un documento compartido.
  4. La línea de escalado. A quién va una consulta en el segundo idioma cuando la persona de siempre no está, con nombre y apellido, no dado por hecho.
  5. La persona que revisa. Alguien que lea lo que sale en el idioma en el que es más fuerte, antes de que salga.

Las cinco se hacen un jueves por la tarde con un documento y sin presupuesto, y hay que hacerlas antes de que nadie te venda un sistema. Nosotros incluidos. Un sistema montado encima de un proceso sin decidir automatiza la indecisión.

Cuenta tres cosas durante dos semanas antes de cambiar nada

Hazlo a mano. Es aburrido y son diez minutos al día.

  1. Cuántas consultas han entrado.
  2. En qué idioma y por qué canal, porque el correo, el formulario y WhatsApp se comportan distinto.
  3. Cuánto se tardó en la primera respuesta. No en la respuesta completa. En el primer acuse de recibo de una persona.

Dos semanas de eso son una referencia. Sin ella no puedes saber si lo que cambies después ha servido, y acabaréis discutiendo sobre sensaciones. Con ella, la discusión se acaba en un minuto.

A casi todo el mundo que lo hace le sorprenden dos cosas: el reparto, que casi nunca es el que suponía, y los tiempos de respuesta del segundo idioma, que suelen ser peores que los del primero por bastante más de lo que habría dicho.

LEÍDO

Qué aporta un sistema, y qué no

Cuando las cinco decisiones existen, el software tiene con qué trabajar. Cambian cuatro cosas, contadas por lo que te cambian a ti.

Desaparece la espera de la primera respuesta. Cada consulta recibe al momento un acuse de recibo correcto en el idioma correcto, con qué va a pasar y cuándo.

La segunda respuesta llega como borrador, no como folio en blanco. Redactada contra tu glosario y tus respuestas anteriores, en el idioma del cliente, para que la corrija y la envíe quien revisa. La persona sigue enviándola. Lo que ya no hace es empezar de cero a las ocho de la tarde.

El registro se queda en un idioma, con el original del cliente guardado al lado.

La clasificación pasa antes de que lo lea una persona. Una consulta que es de un proveedor, de un comercial o de un comprador de verdad no tiene la misma pinta, y el comprador de verdad puede llegar antes a una persona.

Y lo que no hace. No elimina a la persona que revisa, y cualquier proveedor que te diga lo contrario te está vendiendo la versión que sale mal en público. No te da un idioma que no tienes. Y no arregla un negocio que ya es lento en su propio primer idioma, cosa que conviene comprobar antes de gastar un euro.

Si esa es la forma de tu problema, vive en sistemas de operaciones, la mitad de nuestro trabajo que quita tarea repetitiva de la mesa en vez de traer clientes.

Por qué escribimos esto nosotros

Trabajamos en dos idiomas por defecto. Cada página de esta web existe en español y en inglés, escrita en cada uno y no traducida del otro, y ninguna versión sale sin la otra. Lo que aprendimos haciéndolo es la frase que ahora repetimos a los clientes antes de que firmen nada: dos idiomas duplican la revisión, no la producción.

Producir el segundo idioma es barato. Comprobar que dice lo mismo, con las palabras que usaría un nativo, es donde se van las horas. Ese coste es real, cae sobre una persona y tiene que estar en el alcance desde el principio en vez de aparecer en el segundo mes.

No publicamos resultados de clientes, ni aquí ni en ninguna parte. El motivo está en la página de proyectos.

Si el problema es la espera

Primero las cinco decisiones. Luego dos semanas contando. Si después de eso los números siguen diciendo que la espera te está costando trabajo, esa sí es una conversación que merece la pena.

Reservar una llamada

Trae las dos semanas de recuento si las tienes. A partir de ahí, nosotros.

Sigue por aquí